PIKIN

Hace ya un mes que volví de Camerún y desde entonces llevo pensando la entrada para este blog, no es tan fácil describir África con palabras, pero si tuviera que elegir unas pocas diría “música” “color” “sonrisas” y por supuesto “pikin” (niño en pidgin); ah y gritos, muchos gritos “White man” en la zona anglófona y “la blanche” en la francófona, cuando acabas de aterrizar da un poco de miedo hasta que te das cuenta de que lo único que quieren es que un blanquito les salude y les devuelva la sonrisa.

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Consejo para futuros voluntarios, no os asustéis en Douala o Yaoundé, viene bien vivirlo para agradecer la paz de Basteng’la o en mi caso Widikum, y creedme que después del polvo y la gente de la ciudad llegar al hospital girar sobre ti mismo y verte rodeado de colinas verdes es indescriptible, es más, después de haber trabajado allí no me apetecía comenzar la residencia en ningún otro hospital distinto de Saint Joseph.

Ya que estoy haciendo pública mi experiencia voy a contestar a todos juntos la pregunta que más me han hecho desde que volví “¿Qué te ha cambiado de África?” La cual me hace sentir muy mala persona pues nunca me sale contestar  “valoro más las cosas” “me siento muy afortunada de nacer donde he nacido” o tópicos del estilo, la verdad, pienso justo lo contrario, que fui feliz allí, sin teléfono (voló mi segundo día de una moto en medio de la selva, aunque he de confesar que sobreviví gracias a dibujoLoles, otra voluntaria que generosamente me prestaba el suyo cada vez que tenía abstinencia de whatsapp), sin electricidad (con un frontal se ve estupendamente) sin internet (el del móvil solo daba para mandar mensajitos) y alguna que otra vez sin agua (ducharse con un cubo es toda una experiencia) no os imagináis el planazo que es ponerte a dibujar con la hija de una trabajadora, o ir a pasear mientras te cae el diluvio universal encima, de hecho en uno de esos paseos casi atendemos el parto de una mujer en medio de la selva, que finalmente resultó ser una cabra la cual había decidido balar como una parturienta.

Contestada la principal pregunta voy a hablar de mi voluntariado; toda la carrera le había dado vueltas a la idea de ir a África pero nunca me había atrevido, tras muchas dudas Loles me convenció para por lo menos ir a la reunión de Idiwaka en la que se iba a hablar de cómo organizar el viaje de las nuevas voluntarias; y todo el miedo que me daba verme en África fuera de mi circulo de confort desapareció al ver a esas chicas (y sí, digo chicas, para que luego digan que somos unas miedicas) tan ilusionadas y motivadas por la experiencia que iban a vivir que cogimos los billetes y nuestra nueva motivación en lo que nos quedó de preparación para el M.I.R fue mandarnos fotos de los bebotes camerunenses que Idiwaka compartía en Instagram; y de repente llegó Marzo y me ví en Yaundé con Teresa y Marina esperándome en el aeropuerto para poner rumbo a nuestros hospitales, en mi caso Saint Joseph donde Loles ya llevaba 20 días trabajando y me enseñó lo esencial para poder pasar planta junto a los enfermeros y desenvolverme en su dialecto, pues con cuatro o cinco palabras en pidgin la comunicación médico-paciente mejora de un modo abismal.

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No puedo continuar contando el día a día en el hospital sin hablar de Cesar, el Doctor de allí y pongo doctor con mayúscula porque tan rápido atendía un parto como operaba una apendicitis o ponía intraoseas a niños hipotensos, ni de Clara, la voluntaria que llevaba allí ya cinco meses y que nos ayudó a superar la barrera cultural; entre otras cosas; como jugar al check y enseñarme que a los motoristas no se les abraza, te agarras a la moto como puedas, aunque eso me lo dijo el último día para seguir echándose buenas risas a mi costa; y por supuesto especial mención a las hermanas, entre ellas Sor Nieves, SorNi para los amigos experta en traer niños al mundo con el grito de guerra de PUSH/SHIT y darnos abrazos cada vez que nos cruzábamos por el hospital.

IMG_7641Puestos en contexto, la rutina de Saint Joseph consistía en pasar planta junto a los enfermeros ver a los pacientes que acudían a consulta y si tenías tiempo ir a maternidad a realizar ecografías a las embarazadas. La patología más frecuente por goleada era la malaria, asombroso ver como niños con 4 de hemoglobina salían adelante, muchas veces gracias a la sangre que donaban los voluntarios; otros no tenían tanta suerte pues antes habían ido al “country doctor”, brujos locales que daban hierbas sin ninguna utilidad lo cual llevaba a un retraso del tratamiento y un desenlace fatal, y sí, ha sido muy duro tener una vida tan pequeña viendo como se iba de tus manos y quiero dejar reflejado aquí que no todo han sido alegrías, ha habido momentos malos que me han hecho plantearme la desgracia que supone en el primer mundo que un niño muera y la realidad de que por cada pequeño que no podemos sacar adelante aquí, hay tantos allí que se están yendo por patologías banales fácilmente prevenibles con la educación sanitaria adecuada y más personal sanitario bien formado, pues nosotros podemos ir a ayudar puntualmente un mes al año pero lo fundamental es que los que se quedan allí tengan unos conocimientos adecuados, ya que ganas de aprender no les faltan.

Y podría seguir hablando eternamente de Camerún, de mi niño ratita cardiópata, el cual tenía una valvulopatía y no sonreía, lo primero no pudimos hacer nada, pero lo segundo conseguimos solucionarlo con creces o de Paracet un niño que llegó intoxicado por paracetamol (recalcando de nuevo la importancia de la educación sanitaria porque nadie les ha dicho que la cura de la Malaria no son quilos de antitérmicos) y que también salió adelante convirtiéndose en nuestro mejor amigo del hospital; y así miles de historias.

Y bueno lo que empezaba con un no se muy bien como empezar ha acabado con un texto a lo mejor demasiado denso, pero se me da mal resumir, el próximo será más escueto, pues habrá próximo ya que lo último que dije antes de entrar en el ministerio fue “como consiga plaza de pediatría en el hospital Gregorio Marañón me hago de Idiwaka, así que creo que el destino ha decidido por mí que mi historia con Camerún sólo acaba de de empezar.

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María Escobar.

 

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