Una experiencia inolvidable

Hola a tod@s!

Me llamo Mario, empiezo sexto de Medicina este año, y esta es mi historia: todo comenzó con una charla informativa impartida en el hospital Gregorio Marañón de Madrid en febrero, que despertó en mí curiosidad y una gran excitación: ¿un voluntariado médico en un país como Camerún? ¿En África? Rápidamente me puse en contacto con ellos. Unos cuantos emails, una entrevista y, casi sin darme cuenta, ya tenía los billetes comprados para Douala. No podía estar más contento. A partir de entonces todo fueron preparativos, algunos nervios conforme se iba acercando la fecha y, así, llegó el día: aterricé en Douala un miércoles a las 5 de la tarde hora local. Madre Antonia, junto con otro grupo de voluntarios (saludos a Mamen, José Luis, Pía y Nacho, una familia encantadora con la que pasé muy buenos ratos mis primeras dos semanas) me estaban esperando, pasamos la noche en la procura de la ciudad y, al día siguiente, partimos hacia Dschang, donde pasamos dos días muy agradables (aprovecho para dar las gracias por todo a Madre Pilar, y para saludar a los otros voluntarios: Mercedes, Jesús y Cristina, gracias por los momentos tan buenos que pasamos juntos) antes de ir a Widikum, donde me quedé hasta el final de mi voluntariado.

Al principio, todo es un choque constante: una cultura única, una forma muy distinta de entender la vida, una forma muy diferente de entender y practicar la Medicina. Largas y duras jornadas de trabajo en el hospital. Necesité casi 3 semanas para adaptarme completamente, mi voluntariado duró mes y medio. Pero al final merece la pena: merece la pena la sonrisa de todas aquellas personas a las que ayudas que, muy agradecidas, te dan la mano, acto seguido de un “Thank you, Doc”; merecen la pena todas aquellas personas que trabajan en el hospital y que, muy educadas, te saludan y ayudan en todo, cada día, siempre con una sonrisa, haciendo tu trabajo mucho más fácil; merece la pena conocer en primera persona la labor tan admirable que llevan a cabo las Siervas de María, que se dedican en cuerpo y alma, a pesar de muchas dificultades, al cuidado de todos aquellos que necesitan ayuda. Y como no, merece la pena conocer a César, una bellísima persona con una vocación inigualable, trabajar con él se convierte en un ejercicio de aprendizaje constante, y por ello le estaré siempre muy agradecido.

He salido muy enriquecido de este viaje, en todos los aspectos: África, su olor, su gente, su música, irradian vida y una magia incomparable que le atrapan a uno y le invitan a regresar. Gracias por esta oportunidad. Ha sido, sin duda, una de las mejores cosas que he hecho nunca. Una experiencia inolvidable que, si puedo, me encantaría repetir.

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Mario.

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