Africa en miniatura

“El África en miniatura”, así es Camerún.

¿Hablar de Camerún?, difícil resumirlo todo. ¿Contar mi/nuestra experiencia?, decirlo en palabras parece imposible, pero se puede intentar.

Elegí este título porque justo antes de mi vuelta de Camerún, mientras apurábamos nuestra última comida en la gigantesca Douala (capital de Camerún) antes de dirigirnos al aeropuerto, el siempre sonriente Marcelino nos dijo esta frase: “Y aquí en Camerún podemos encontrar a toda África, ¿qué mejor País hay que éste?”.

Nos encontrábamos en un restaurante lleno de blanquitos recomendado por él, enfrascados en una charla/discusión sobre la gran diferencia cultural entre nosotros, sobre todo en lo que al papel de la mujer respecta. Él había ido horas antes a recogernos a la estación de autobuses para hacernos entrega de un montón de figuritas de madera que debíamos llevar de vuelta a España a ser posible sin el menor rasguño, y para depositarnos sanas y salvas en el aeropuerto, y es que en Douala, a diferencia del resto del país, se hace imprescindible tener gente de confianza con la que moverse si no quieres tener algún susto. No sé muy bien, si fue por el mágico momento de ver el atardecer desde aquel hotel/restaurante, o porque acompañamos la comida con una buena “Sport” (la cerveza local más conocida), pero esa frase se me quedó grabada a fuego….y así como finalizó mi viaje, comienza esta entrada.

Camerún, para aquellos que aún no lo podáis ubicar en el mapa…como me pasaba a  mi antes de planificar mi viaje, es un país situado en la costa oeste del continente africano, y que debe su nombre a los colonos portugueses que en su día lo bautizaron como “río de camarones”, por la gran cantidad que encontraban a orillas del río Wouri. Camerún, como nuestro buen amigo Marcelino nos dijo, es conocido como el “África en miniatura”, porque en él se puede resumir todo el viejo continente vecino. Reúne la casi totalidad de los climas y ecosistemas africanos, desde las selvas lluviosas y las encrespadas sierras, hasta volcanes activos y vírgenes playas…. ¡si te gusta la naturaleza, te enamorarás de Camerún!

Pues bien, tuve la suerte, tuvimos la suerte (esta aventura no hubiera sido la misma sin las personas que me acompañaron) y el privilegio de pisar este fabuloso País el pasado verano y pasar un tiempo en Widikum (zona noroeste de Camerún) en el hospital St. Joseph.

img_4569A pesar de la información que me habían dado sobre el lugar antes de la partida, no me hubiera podido imaginar lo que allí encontramos. St. Joseph puede que no parezca hoy en día gran cosa, pero es la mejor y a veces única esperanza que tienen cientos de enfermos de Widikum y sus alrededores, un lugar llevado de manera heroica por unas monjas, las Siervas de María, desde hace más de 40 años y que se merece todos mis respetos.

 

El día a día del hospital puede resultar duro, sobre todo al principio, no entiendes nada de lo que te dicen….te llegas a plantear que tipo de inglés es el que te han enseñado, o que leches le ha pasado a tu oído al aterrizar para llegar al punto de no poder ni siquiera comprender el más básico “how are you?”, y es que el pidgin es así…un dialecto, surgido del inglés sí, pero al fin y al cabo un dialecto más. Por suerte no tardas mucho en acostumbrarte y, ¡si ya lo acompañas de gestos tu comunicación se puede volver hasta fluida!

Llevábamos ya en el país casi dos días y aún no estábamos ni cerca de nuestro destino, nuestra casa las próximas 3 semanas, Widikum, y es que así es África, las cosas tienen  su propio ritmo, no intentes cambiarlo. Ese día ya por fin llegábamos. Después de un buen madrugón, el día allí suele comenzar bastante temprano, los gallos no dan tregua ni aunque sea Domingo, y tras degustar el aguado café (conviene llevarse unos cuantos sobres de nescafé si eres un café adicto), nos metimos en un autobús/furgoneta de los 80s y nos pusimos rumbo al norte del país. Es muy gracioso estar esperando en la parada hasta que el autobús se llene, allí el “horario de autobuses” no existe. Pero aún es más gracioso comprobar como en cada fila de asientos caben 4 personas, no importa cuál sea tu complexión, o que tengas 12 o 60 años, o que lleves mil bolsas o las manos vacías, caben 4….reza para que tus compañeros de fila sean adolescentes de 14 años finústicos cuya única pertenencia sea un gorra…

Tras el traqueteo del autobús, la mayoría del recorrido era por carreteras sin asfaltar, llegamos a la ciudad de Bamenda, una vez allí nos tocó otra vez una buena espera hasta por fin poner rumbo a Widikum…“This is Africa”.

Widikum!, ya estábamos allí, el autobús paró enfrente del hospital, sabían de sobra adonde iban las “whiteman”, da igual que seas del género femenino, eres una Whiteman. Bajamos nuestras pesadas maletas llenas de material médico y nos adentramos en él, soñando con una buena ducha y algo que meternos en el estómago…no sabíamos lo que nos esperaba…

Entramos en la casa de los voluntarios donde nos encontramos con Estrella, que a diferencia de nosotras que éramos todas médicos o proyecto de ello, era ingeniera que venía a continuar con el “water proyect” (un formidable proyecto que abastecería de agua potable a toda la ciudad), y con César, el médico-para todo de allí, que bien te hacía una cesárea o una colonostomía, como te trataba un VIH rebelde o una malaria cerebral.  Estaban comiendo, nos saludaron con una gran sonrisa y un abrazo, que gustó que la gente te reciba con tanta amabilidad. Más tarde comprobaríamos que esa sería la tónica del lugar. No he conocido a gente más agradecida, más feliz, y que a la vez tengan tan poco como la que encontré allí.

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Nos invitaron a sentarnos mientras nos contaban lo movida que había sido la mañana, porque ese día era el market-day, y las gentes de los alrededores se acercaban a la carretera de Widikum a vender-comprar y sucedían muchos más accidentes que de diario….estaba el siempre agradable César preguntándonos por el viaje cuando alguien gritó el “Emergency” que más tarde temeríamos por las noches. César se dirigió a nosotras nos instó a ir con él, y allí que fuimos a la carrera. Se trataba de un hombre mayor al que por accidente se le había caído un gigantesco machete en el dorso del pie cuando estaba cortando un coco. Esa herida sangraba a chorro con presión y era bastante profunda…, no soy cirujana, pero eso no pintaba  bien.  Me dijo que me lavara con él y que me pusiera una bata, mi cara tuvo que ser un poema cuando pronuncié el “me??“, pero qué esperaba si allí se llevaba el médico-para todo. Di gracias por haber hecho un curso de suturas una semana antes, aunque no creía que la sutura simple pudiera solucionar algo en ese pie….Más de una hora estuvimos hasta que pudimos controlar esa hemorragia y reconstruir todo aquel destrozo, y todo sin anestesia, aun no entiendo cómo no se desmayó el pobre abuelo. ¡Y qué calor hace en Camerún!, es tanta la humedad que puedes llegar a sudar hasta por sitios en los que ni sospechabas que tuvieras glándulas sudoríparas…Me quité la bata de cirujano, y me di cuenta de que toda mi ropa estaba completamente pegada a mi cuerpo, nunca he tenido tantas ganas de una ducha.

No dirigimos otra vez a la casa de los voluntarios mientras César nos explicaba a nuestro paso las diferentes partes del Hospital. No habíamos entrado por la puerta cuando otra vez escuchamos el “Emergency”, y otra vez a correr. Esta vez se trataba de un niño de unos 12 años, se había caído de una palmera a la que trepaba para conseguir un coco,  y sangraba por la cabeza, bueno no es que sangrara, es que se le veía hasta el cráneo! Ahora le tocó a Paloma ponerse la bata de ayudante, menos mal, mientras las demás intentábamos sujetar al asustado escalador para que pudieran coser esa enorme brecha. Esta operación fue más corta, pero no menos difícil, hay que ver que fuerza tiene allí la gente, aunque sean niños. Terminado todo, sin dar ya mucho crédito a qué más podía pasar, nos dirigimos de nuevo hacia la casa de los voluntarios…

Era muy extraño, el corazón nos latía a 1000 por hora, habíamos pasado del monótono sube y baja del autobús/furgoneta de los 80s que parecía que nunca avanzaba, a un subidón de adrenalina continua de casi dos horas…. ¿estaríamos preparadas para lo que nos fuéramos a encontrar allí?…sólo llevábamos dos horas y no habíamos podido ni ir al baño…”THIS IS ÁFRICA”.

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Andrea Leal.

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