TRES NIÑOS (THREE PIKIN)

TRES NIÑOS

(Three pikin)

Tres niños juegan al borde de una carretera.  Ni los niños son como los imaginamos, ni la carretera puede llamarse carretera. Son tres niños de un país africano, de uno de esos países en los que, con suerte, algún cultureta europeo podría nombrar su capital, pero probablemente cualquiera conozca el nombre de algún jugador de fútbol de dicha procedencia. Es uno de esos países cuyos avances, cambios o desgracias no son lo suficientemente importantes como para dedicarles unos segundos en algún telediario europeo.

Juegan como cada día, sin preocupación, sin mirar un reloj que no tienen, sin noción de
l tiempo y sin necesidad de tenerla; juegan porque son niños, pero están muy cerca de la carretera. Sus madres no les regañarán por el peligro que corren, porque jon-1no están allí, porque los niños de África pueden alejarse de sus progenitores sin que a estos les dé un ataque de ansiedad. El padre de cada uno de ellos estará trabajando, probablemente subido a una palmera a una altura de más de diez metros, tratando de conseguir la materia prima con la que elaborar y vender aceite de palma, su principal fuente de ingresos. La madre estará cuidando de alguno de los otros 8 hijos que trajo al mundo sin pensar en si podría llevarlos adelante, si podría pagarles una escuela o si estarían también infectados de VIH. Estos niños aprenden muy pronto a cuidar de sí mismos, y en cuanto lo consiguen, cuidarán de sus hermanos pequeños. Por ello, vagan solos por el pueblo y la selva, por el rio y la montaña; son libres y eso conlleva estar expuestos a peligros.

Dudo que las carreteras se puedan definir con ese nombre, más bien son caminos por los que los vehículos de motor pueden transitar. De vez en cuando se asfalta alguna y se convierte como en este caso en: La Carretera. No hay más, es la única y así será por mucho tiempo, así que no hay pérdida, es una dirección o la contraria.

Un vendedor ambulante ha llenado su coche de sacos de patatas. Lo ha hecho concienzudamente para aprovechar cada mínimo espacio que su viejo Toyota le brinda: sacos en el asiento del copiloto, sacos en los asientos de atrás, sacos en el capó y sacos atados con cuerdas en el maletero abierto. Si mira por el retrovisor solo vera patatas y más patatas, pero está contento, porque es día de mercado. Hoy le toca ir a un pueblo cercano y espera volver a casa con el dinero suficiente como para que su mujer le mire con orgullo y se sienta un buen cabeza de familia. Sin embargo, colocar los sacos le ha llevado mucho tiempo y tendrá que pisar el acelerador si quiere llegar a coger un buen puesto en el mercado. Conduce pensando en que hoy es un “bussinesman” y fantasea con los precios que pondrá y la forma de obtener el máximo bjon-2eneficio. Conoce la carretera tan bien como todos los de la zona, la ha recorrido cientos de veces y sabría dibujar cada curva, cada guijarro que la compone. Queda poco para llegar al mercado, gira a la izquierda y pasa el control policial que no deja de ser una cuerda colgada de un lado al otro de la carretera que mantienen o bajan dependiendo de si quieren parar al vehículo. Esta vez ha tenido suerte y le han bajado la cuerda, no le harán perder tiempo ni dinero. Aprovecha y pisa un poco más el acelerador ya que hoy está de suerte. Gira de nuevo a la izquierda y aumenta la velocidad, pero hay algo en la carretera, parece una pelota. Gira bruscamente y el peso de la carga que transporta le hace perder el control del coche, se sale de la carretera descontrolado y se dirige directamente a ellos, a los tres niños. Se escucha un golpe seco y nada más. La maleza ha frenado el coche diez metros más adelante y el conductor baja mareado. Lo primero que hace es chequear su carga, es lo que le importa, ha perdido parte de ella y eso le preocupa mucho. La gente se ha empezado a aglomerar en la zona y pronto se escuchan gritos de horror.

“¿HOW?” Le pregunto al niño que han ingresado esta mañana en el hospital ST. JOSEPH de WIDIKUM. “FINE” me contesta con una tímida voz mientras desvía la mirada hacia otro sitio. Miro a su madre para que me cuente por qué ha traído al niño al hospital, sabiendo que poca información más podré sacar de la boca del chaval. A simple vista calculo que tiene ocho o nueve años y mirando a su joven madre veo que probablemente lo tendría con dieciséis o diecisiete años, típico en la zona. Exploro de arriba abajo al niño mientras ella arranca a explicarme por qué están aquí, en un cerrado dialecto de la zona conocido como “Pidgin”, que me cuesta trabajo comprender. Pienso para mis adentros que cuanto peor inglés hablo y más patadas le doy a la real academia de la lengua inglesa, más me acerco a comprender el “Pidgin”, y con ello a los pacientes. El niño está perfecto, ningún síntoma, ninguna clínica, ni un solo rasguño, además sonríe. ¿Entonces, porque lo ha traído? Pongo toda mi atención y por fin lo comprendo todo:

Tres niños juegan en la carretera, un coche pierde el control y sale despedido dirigiéndose hacia ellos. El primer niño recibe un impacto directo, choca contra la luna del coche y muere en el acto. El segundo tiene más suerte, intenta esquivarlo, pero aun así le alcanza en la pierna y sufre una fractura abierta por la que es trasladado a otro hospital, pero vive. El tercero, lo tengo delante y no puedo creer lo que su madre relata. El niño se tumbó en el suelo y el coche paso por encima, de tal forma que pasó entre las ruedas y apenas le tocó. Su madre quiere asegurarse de que todo está bien y por eso lo ha traído. La miro y aún sin salir de mi asombro, le pregunto si es consciente de la suerte
que ha tenido. Me dice que sí, pero me miente, su hijo podría haber sido el primer niño, pero no lo ha sido y no lo valora, no ve ni verá que ha sido el día más importante de la vida del pequeño.

Le pedimos una analítica para saber si pierde sangre de alguna hemorragia que se nos pasara por alto y vemos una baja hemoglobina, pero no porque esté sangrando, sino porque tiene malaria. Después de lo que ha vivido ese día, la malaria parece un juego de niños. El paciente es tratado correctamente y la parasitemia baja, pronto estará de nuevo jugando, al borde de la carretera.

jon-3

Widikum, 16 de noviembre de 2016.

Jon.

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