Vive la jeunesse!

Vive la jeunesse!

La Wikipedia arroja un dato demoledor sobre la demografía camerunesa: el 70% de los cameruneses tienen menos de 30 años. En esta población tan joven, la “Fête de la Jeunesse” (la fiesta de la juventud) es sin duda la fiesta nacional por excelencia. El pasado 11 de febrero  desfiló la flor y nata de la juventud dschanguesa (o dschanguiana, no tengo muy claro el gentilicio de Dschang, la ciudad que nos hospeda) por la (única) calle asfaltada de la ciudad. Miles de chavales de diversos colegios, institutos, centros de formación, facultades, asociaciones culturales, deportivas o religiosas pasaron a ritmo casi militar (apremiados por sus sudorosos profesores) ante nuestros ojos. A pesar del implacable sol paseaban orgullosos con sus insignias y carteles.

El desfile no fue muy diferente a cualquiera que podríamos ver en Occidente, pero donde pudimos tomar contacto realmente con los jóvenes fue la víspera, en un festival al que nos invitaron las monjas. ¿Un festival de institutos? ¿Qué más se puede pedir?

Pues bien, el programa era sencillamente maratoniano: una friolera de cuarenta actos que se prolongó durante horas (el tranquilo ritmo camerunés se impuso a la diligencia de los presentadores) que combinaban todos los tipos de espectáculo. Por el lado cultural destacaban la recitación de poesía, los desfiles de moda y los telediarios; en el canto, aparecieron tres coros increíbles, intérpretes solistas y los curiosos play-backs, que gozan de una singular popularidad. Por último, y sin duda el plato fuerte, fueron todos los tipos de bailes: ballet, break-dance, las danzas tradicionales y los bailes de salón a ritmo latino (algunas de las canciones eran en español).

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No pudo dejar de sorprenderme durante toda la velada el desparpajo de los chavales. Ninguno tenía vergüenza de cantar, actuar, recitar y sobre todo de bailar. El ritmo lo llevan en la sangre y en el alma, lo cual se demuestra en cualquier lugar del país en el que hay música (es decir, en todo el país habitado): bailan en todo momento y lo hacen francamente bien. De hecho, consiguen movimientos con sus articulaciones que desafían las leyes de la anatomía.

Por otro lado, también me pareció encontrar una juventud auténtica, con una ilusión intacta y una alegría de vivir desbordante. Durante todo el acto se destacaron con firmeza varios mensajes: la importancia de la tradición en la formación del pueblo camerunés, la lucha contra la corrupción, las drogas, el alcohol y la prostitución, las diferencias como algo que ayuda a unir (estuvo muy presente el conflicto político actual entre francófonos y anglófonos). En fin, la juventud camerunesa tiene la energía y la confianza suficiente para conseguir por sí misma un país más justo y solidario.

Pablo Pastor.

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