En memoria de Marta Poni

Después de haber estado trabajando dos meses en el campo de refugiados de Bidi Bidi en el norte de Uganda como Clínica Móvil son muchas las historias y emociones que me inundan, ya estando de vuelta  en Madrid. Y es difícil elegir un orden o una forma exacta y perfecta para compartirlas con vosotros que haga justicia a toda la labor y el escenario que allí nos encontramos. Así que haré lo que más me gusta, que es contaros una historia. Una historia real.

El campo de refugiados de Bidi Bidi acoge a 300.000 personas que huyen del conflicto bélico de Sudán del Sur. Este campo está dividido en zonas, y estas zonas a su vez en poblados o ‘Villages’. En concreto en el ‘Village 6’ vivía una refugiada llamada Marta. La labor de los voluntarios de África Directo allí  me permitió conocer la historia de nuestro personaje y la repercusión de su vida en nuestro proyecto. Marta, como miembro activo de la comunidad local del campo ha colaborado con Almudena y Pablo, nuestros responsables allí durante tres años, en proyectos de economía y sociales. Gracias a Idiwaka y a ellos, hemos podido desarrollar el ámbito médico en esta región. La gente dice que la salud es importante y nosotros como médicos por supuesto que defendemos a ultranza este concepto. Pero esto va más allá de la medicina. Este proyecto es de humanidad y os contaré por qué.

Nosotros cubrimos los poblados del 5 al 10 de la Zona 4 del campo de refugiados con la Clínica Móvil. Aportamos asistencia sanitaria primaria a la población que nos compete. Cada mañana desde la granja de los Marian Brothers, cargamos una ambulancia con maletas llenas de medicamentos y material médico previamente seleccionado cada mañana en función de lo que necesitemos cada día. Y junto con nuestro oficial médico, nos dirigimos hacia allí. Montamos una consulta en el pueblo y atendemos a la gente que esté enferma o en caso de que sean discapacitados o personas muy ancianas, vamos casa por casa.

En esa zona del campo hay dos hospitales de campaña, uno pequeñito y otro más grande. La razón por la que es tan importante la asistencia móvil es porque la distancia entre poblados y sobre todo entre poblados y hospitales es inmensa. Inmensa para hacerla en ambulancia, imaginaos si tuvieseis que hacerla andando estando enfermos. Aquí cogeríamos un taxi o el metro para llegar a nuestro centro de salud u hospital de referencia. Allí tienen que caminar durante horas por un camino de tierra, piedras y un sol de justicia para poder tener asistencia médica básica, y recalco el ‘básica’. Lo que ocurre es que debido a estas dificultades logísticas por parte del campo, la gran mayoría de los refugiados no podían asistir al centro cuando estaban enfermos. Se quedaban en casa pues, quedando a su suerte.

Todo esto ha cambiado en el momento en el que Idiwaka y África Directo decidieron iniciar este proyecto. Un proyecto que no sólo acerca salud a los habitantes de este pequeño gran lugar del mundo. Un proyecto que ha conseguido que las familias del campo comiencen a sacar a sus familiares con discapacidades de las casas para que sean atendidos, rompiendo un tabú tremendo en el seno de la comunidad local. Un proyecto que ha acercado la esperanza a los refugiados de que la vida puede ser mejor. Un proyecto que les ha hecho ver que hay alguien que se preocupa por ellos, que les hace ver que no están solos en esto y que pase lo que pase alguien estará a su lado cada semana. Que independientemente de la afectación que tengan y de sus posibilidades terapéuticas, hay alguien que con una caricia o una sonrisa es capaz de aliviar, acompañar y disminuir la soledad que sufren estando tan lejos de su lugar natal, de su cultura y de sus familias. Un proyecto que no sólo ha creado un impacto en los refugiados que han sido atendidos, sino que ha conseguido que un servidor haya dejado una parte muy grande de su corazón entre la arena de esos caminos. Una parte que ya nunca volverá a casa, y que deseo enormemente que continúe allí.

Nuestro personaje no es consciente del impacto que ha tenido su vida en la creación y pasión que se ha puesto en este proyecto ya que desafortunadamente falleció el pasado enero debido a un tumor, previo al inicio de la Clínica Móvil. Pero gracias a ella y a muchas otras personas este proyecto ha nacido, está vivo. Gracias a ella ahora podemos tratar y diagnosticar a todas aquellas personas olvidadas, intentando anticiparnos a los acontecimientos para que puedan vivir muchos años más. Puede que no siempre podamos curarlos a todos. Pero lo que siempre haremos será acompañarlos, como hicieron con nuestro personaje y como hizo ella con nosotros.

Awadifo ambu’u. Muchas gracias.

Carlos Morales García

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